
Espardenyes de lona
Formentera
Las espardenyes de lona eran el calzado que se llevaba en Formentera y en Eivissa en la primera mitad del siglo XX y se elaboraba de forma artesanal. Usado por mujeres, hombres y niños, su fabricación no resultaba tarea fácil debido al tratamiento previo de los materiales a utilizar y a un laborioso proceso de confección.
La cubierta de las espardenyes solía ser de lona blanca, con posibilidad de incorporar ribete de color en alguno de los modelos, aunque también podían ser negras o de colores oscuros en caso de luto.
Si bien este tipo de calzado confeccionado de la manera tradicional no se utiliza con frecuencia, fue muy popular en su época y todavía lo utilizan miembros de las colles de ball pagès.
Al ser la suela de fibra vegetal, en concreto de esparto, para protegerla de la humedad y aumentar su durabilidad, a veces se alquitranaban las suelas.
En materia de modelos, básicamente había dos de mujer, de rotlet o de mirallet y escotades, y otros dos de hombre, uno que incorporaba cordones y el otro, cintas que se anudaban a los tobillos.

Formentera
Confección
Junto a las espardenyes, en Formentera también eran habituales las llamadas espardenyes de lona, una variante que incorporaba cubierta de lona cerrada y que ofrecía mayor protección. Ambas forman parte del patrimonio etnográfico pitiuso y reflejan una cultura material basada en el aprovechamiento de recursos locales y en un saber hacer transmitido de generación en generación.
Se elaboraban íntegramente de forma artesanal y su confección exigía habilidad y paciencia, ya que tanto el tratamiento previo de los materiales como el proceso de confección requerían precisión y experiencia.
El primer paso consistía en elaborar la llata d’espart, la trenza de esparto que conforma la suela. El esparto podía emplearse en crudo —como en la elaboración de senallons— o picado (machacado) para hacerlo más flexible. Una vez trenzada la llata o pleita, se recortaban las hebras sobrantes y se golpeaba con un mazo para aplanarla.
Antes de comenzar a dar forma a la suela, se medía la longitud del pie con una pequeña caña cortada a la medida exacta. La llata se extendía entonces sobre esa longitud dos veces y media, obteniendo así el perímetro necesario. A partir de ahí, se rellenaba el interior para esmolar o modelar la suela, un trabajo minucioso que permitía perfilar correctamente el talón y la puntera mediante unas vueltas características llamadas fioles.
Una vez terminadas y modeladas ambas suelas, se cosían en el banc d’estrènyer con una aguja enhebrada con dos brazas de cuerda de pita. El cosido comenzaba por el talón, de forma simétrica. Los puntos se dejaban inicialmente flojos para después tensarlos uno a uno, logrando así una suela firme pero flexible.
El proceso continuaba con la confección de la cubierta. Se recortaba la lona siguiendo patrones tradicionales y se cosía a la suela del revés, posteriormente se giraba la pieza para que las costuras quedaran ocultas en el interior. Las puntadas se realizaban con grandes agujas enhebradas con hilo de cáñamo, lino o algodón, materiales resistentes y naturales.
